En esta sequía cinematográfica veraniega, dos películas, aunque de manera muy distinta, tocan fibras extremadamente sensibles। De una parte, Aritmética Emocional, cuyo estreno el pasado junio ha supuesto una de las grandes revelaciones de la taquilla de esta temporada al tratarse de un filme que explora con singular acierto y credibilidad los insondables misterios de la naturaleza humana; y de otra, Funny Games, una poderosa historia de violencia inusitada que aturde dolorosamente al espectador.
Aritmética Emocional, el filme de Paolo Barzman, penetra en el dolor de los recuerdos y en la posibilidad de redención a través del reencuentro en una bella casa de la campiña del Québec canadiense de un grupo de supervivientes del campo de concentración de Drancy, construido por los nazis durante la II

Guerra Mundial। Se trata de una grandísima película de actores en la que dejan una profunda huella de su maestría los trabajos de pesos pesados como Max Von Sydow, Gabriel Byrne, Christopher Plummer y una inconmensurable Susan Sarandon, quien visitó Madrid ofreciéndonos una lección de inteligencia, solidaridad, valentía y sentido crítico en lo referente a las acciones militares de Estados Unidos en Irak.
Por su parte, Funny Games sólo deberían verla aquellos que sean capaces de soportar una tensión casi desconocida generada por la misma trama que en 1997 firmó por primera vez el cineasta alemán Michael Haneke, quien vuelve a incidir en los “divertidos juegos” que una pareja de adolescentes establece sobre una feliz pareja de vacaciones con su hijo pequeño. Si la primera entrega de Funny Games (donde se presentaba una actitud crítica contra los mass media, en especial la televisión) ya resultaba tremendamente perturbadora; en este remake donde nuevamente los jóvenes asesinos (Michael Pitt, Brady Corbet) son conscientes de su pertenencia a la ficción cinematográfica, el dolor que emana de los personajes de Naomi Watts, Tim Roth y el pequeño Devon Gearhart penetra hasta la medula de quienes tienen el valor de contemplar este festival del horror. Gratuito, si; como en la vida misma.
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