Music of the Spheres, el Universo según Mike Oldfield
El nuevo Mike Oldfield ha convertido la astrofísica en música. Y al escuchar Music of the Spheres se tiene la sensación de estar sobre otra Tierra, un planeta reflejo del nuestro, surgido, quién sabe, siguiendo la teoría inacabada de la duplicidad o de aquella que habla de otro universo improbable si aceptamos la idea de la existencia de aquello que no podemos ver aunque intuimos que existe. Y lo consideramos.
Este universo musical creado por Mr. Oldfield suscita la ilusión de imágenes grandiosas como aquellas que sólo algunos grandes cineastas han conjeturado en lugares cinematográficos de la Ciencia Ficción. Music of the Spheres podría haber sido una excelente banda sonora. Pero en este caso es mejor imaginar, dejarse llevar y elevarse hacia los espacios infinitos y secretos que nos propone el circunspecto creador británico.
Mike Oldfield anunciaba en 2006 su deseo de regresar a un tipo de música más compleja y conceptual, en la línea de sus primeros trabajos, sobre todo de aquel mítico primer álbum, Tubular Bells; un hito discográfico compuesto cuando apenas era un adolescente y que grabó finalmente en 1973, después de no pocos avatares, en una recién montada compañía discográfica, Virgin, auspiciada por un vendedor de discos llamado Richard Branson y actualmente conocido por sus múltiples gestas aventureras (incluidas las aeroespaciales) y por ser uno de los grandes magnates mundiales de los negocios.
El éxito de Tubular Bells fue espectacular. En los primeros años de su aparición se vendieron más de 15 millones de copias en todo el mundo. A la enorme calidad y originalidad de la obra que interpretó en la totalidad de los instrumentos el propio Oldfield, se sumó el hecho de que varios extractos del disco, principalmente aquellos acordes característicos del comienzo de la primera parte de la obra, fueron incluidos en el filme El Exorcista (William Friedkin, 1973), gracias a la habilidad promocional de Mr. Branson.
Ahora, 35 años después del nacimiento de Tubular Bells, y tras un último e irregular decenio musical de pequeños trabajos como The Millenium Bell, Guitars, Tres Lunas y Light + Shade entre otros, llega la obra más adulta de Mike Oldfield, quien ya la anticipó en 2007 durante la presentación de su autobiografía, Changelling, y en las negociaciones mantenidas para su participación en la gira española de Night Of The Proms, la cita musical anual que reúne a pesos pesados del pop y el rock en torno a la orquesta sinfónica Il Novecento que dirige el maestro Robert Groslot. Oldfield compuso entonces una pieza de música clásica para orquesta, piano y guitarra acústica y le confió los arreglos sinfónicos al músico galés Karl Jenkins. Era el génesis de esta música de las esferas.
Oldfield, autor también de inolvidables canciones como Monligth Shadow y To France que interpretó su hermana Sally, con la que compartió grupo, The Sallyangie, en sus años de juventud, ha llevado a cabo un álbum enteramente clásico y casi virgen de letras, con excepción de algunos angelicales coros (On my Heart) que aportan un esplendor triunfante a la obra.
La impresión resultante de la inmersión en este ignoto universo musical no hace más que reforzar el sentimiento de sobrecogimiento ante la inmensa magnitud de este nuevo episodio musical de Oldfield. Un creador que siempre ha tenido la reputación de abordar trabajos poco convencionales. Sistemáticamente ha roto moldes y ahora más que nunca ha traspasado fronteras adentrándose en lugares sonoros inexplorados. Porque, si bien Music of the Spheres es un disco de espíritu clásico, influenciado por Los Planetas de Gustav Holst y la obra pianística de Rachmaninov, también lo está por la naturaleza sonora atmosférica de creadores contemporáneos como William Orbit; mientras el estilo característico del propio Oldfield se mantiene inmutable y es inmediatamente identificable. Basta con escuchar los primeros acordes de cuerda y piano para saber quien está detrás de unas armonías y una melodía que irá trasmutándose y apareciendo recurrentemente a lo largo del disco hasta alcanzar un fastuoso cenit.
La obra se dio a conocer primeramente durante una velada organizada en el club Tape de Berlín, donde un sereno y parco en palabras Oldfield indicaba que en el futuro seguiría trabajando en álbumes clásicos si este disco era bien recibido por el público. Por fin, el pasado 7 de Marzo Music of the Spheres, era presentado internacionalmente a la prensa en un concierto ofrecido en el Museo Guggenheim de Bilbao, donde se pudo apreciar, con todo el rigor musical y escénico necesarios, la belleza inconmensurable de estas composiciones. El Universo, por fin, tiene su propia banda sonora.




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