La escafandra y la mariposa

El sentido de la vida (y la muerte)

Película engañosamente modesta, La Escafandra y la Mariposa es una de las grandes revelaciones cinematográficas de este temprano 2008. Su artífice, el artista multidisciplinar Julian Schnabel, ha llevado a cabo un filme surrealista, poético, enigmático y espiritual basado en la novela homónima escrita en primera persona por el periodista Jean-Dominique Bauby, el héroe de una gran historia de superación personal.

Todo en el cine de Julian Schnabel recuerda que estamos ante un gran artista visual. El pintor que se dio a conocer a finales de los 70 gracias a una serie de cuadros titulada Plate Paintings, que fue amigo de Basquiat (al que dedicó un filme en 1996) y de Warhol, y que en 1999 dio la primera gran oportunidad internacional a Javier Bardem en Antes de que anochezca (la biografía del escritor cubano Reynaldo Arenas) es uno de los creadores seguramente más personales de cuantos hoy pueblan el universo cinematográfico.

Atraído siempre por las vidas rotas y los destinos trágicos, el cineasta americano presentaba triunfalmente en la última edición de Cannes (Palma de Oro a Mejor Director) su adaptación del libro La Escafandra y la mariposa (Plaza y Janés, 1997), el emotivo y descarnado libro de Jean Dominique Bauby. Recientemente, la película ha sido merecedora de tres Globos de Oro: Mejor Película Extranjera, Mejor Director y Mejor Guión (Ronald Harwood, El Pianista) y compite en los Oscar de este año en los apartados, nuevamente, de Mejor Guión Adaptado y Mejor Dirección, y en los de Mejor Fotografía y Mejor Montaje.

Cinta por momentos onírica y de una gran plasticidad, la cruda realidad tratada se aproxima en ocasiones a la naturaleza de lo surreal. Un universo fantástico creado en su célebre obra literaria por Jean Dominique Bauby, quien fuera periodista de profesión y hombre de éxito como redactor jefe de la prestigiosa publicación hasta que fue víctima en 1995 de un grave accidente cerebro-vascular que le dejó totalmente paralizado y privado del uso de la palabra. Bauby sufrió el llamado locked-in sindrome (síndrome del encerramiento), o lo que es lo mismo, la anulación de cualquier posibilidad de movimiento o comunicación a pesar de estar perfectamente consciente de uno mismo y de lo que acontece en el entorno. Un infierno en vida que pese al dramático final de Jean Dominique Bauby, éste supo capear durante su internamiento en el hospital de Berck (Paso de Calais, Francia) gracias a la ayuda de un código creado por una logopeda que le posibilitó comunicarse muy lentamente cerrando o abriendo el parpado del ojo izquierdo, permitiéndole a lo largo de un año la narración pausada de su lucha por la vida.

A partir de esta historia trágica, Schnabel ofrece una película audaz que ambiciona cumplir dos cometidos fundamentales. El primero, moral, a través de una encomiable fidelidad al espíritu del libro que aclama, por momentos con un gran sentido del humor, la emocionante lucha por la vida de un ser humano condenado a una existencia casi vegetativa y al margen de la marcha del mundo. Y en segundo lugar, estético y artístico; gracias a la puesta en marcha por parte del cineasta de un sinfín de elementos narrativos visuales, muchos de ellos retóricos, que persiguen una correspondencia con los sentimientos y los pensamientos interiores que plasmó en su libro el malogrado Bauby.

Schnabel se sirve de recursos cinematográficos cada vez menos utilizados como la voz en off interior, la cámara subjetiva, el flash back, la gestualidad, y material de archivo para compensar los inconvenientes del personaje principal, encarnado con gran solvencia por el actor galo Mathieu Amalric (Munich, de Spielberg) quien próximamente será un nuevo antagonista de la figura de James Bond. Amalric, aparece en todo momento con el resto del reparto, un conjunto sobrio y creíble volcado escénicamente sobre la figura de “Jean Do”, apelativo cariñoso con el que amigos y familiares conocían al infortunado escritor.

Aunque Julian Schnabel no es creyente, La Escafandra y la Mariposa está dotada de una cierta espiritualidad. Las mujeres del filme (la enfermera, la logopeda, su amante, su ex mujer) son unas angelicales figuras; compasivas y dedicadas en cuerpo y alma al cuidado físico y mental del Jean Dominique: Una lástima, -le dice su enfermera- que haya sido necesario que se encuentre enfermo para haberle conocido….”

Antes de lanzarse a esta empresa, Julian Schnabel había visionado el documental que el cineasta galo Jean-Jacques Beineix dedicó a la figura de Jean-Dominique Bauby. Fue ahí donde el director neoyorquino vio por primera vez a Jean Do en la habitación 119 del hospital marítimo de Berck-Plage junto a su entorno familiar y se sintió inmediatamente conmovido por su gran personalidad. Jean Do era, como aparece retratado en el filme de Schnabel, un hombre que sentía un gran deseo de vivir. Estaba enamorado y disfrutaba de un enorme sentido del humor. Sin embargo, no puede evitar volver siempre a su condición de ser atrapado, aislado por una escafandra y ante la perspectiva de una muerte inminente, idea de la que escapa cada vez que le resulta posible al poder de su imaginación, a los recuerdos almacenados en su memoria intacta, a sus sueños de infancia y de adulto. Y entretanto, en la BSO del filme canta Tom Waits preguntándose si no habrá sido el diablo el creador del mundo mientras Dios se encontraba durmiendo… En una historia como esta, todo es posible.

~ por joseluisdelgado en Febrero 1, 2008.

Escribe un comentario