Cineastas en píe de guerra
Ocurrió con Argelia, con Camboya, naturalmente con Vietnam…, y está sucediendo ahora con Afganistán y sobre todo con la Guerra de Irak. El cine, o mejor dicho, un grupo de grandes cineastas, entusiastas, independientes y comprometidos con su tiempo, golpean con dureza la política exterior del presidente Bush. La visión de la contienda y posterior ocupación de Irak está cambiando en los Estados Unidos y en buena parte del mundo occidental. Hace cuatro años, al comienzo de las operaciones militares, el mundo del cine apoyaba mayoritariamente la iniciativa usamericana sustentada con fervor por Gran Bretaña y el gobierno del Partido Popular en España; ahora, sin embargo, debido al número de bajas, a la imposibilidad de avistar en el tiempo un fin de la contienda y una regularización democrática en Irak, e igualmente por los flagrantes casos de violencia contra víctimas civiles inocentes, los americanos y muchas voces de su cultura están denunciando la actuación de sus tropas en el exterior y el error de esta guerra.
Cuando hace casi un lustro Hollywood apoyó casi sin reservas la respuesta americana al terrorismo de Al Qaeda, aún estaban muy recientes las imágenes en bucle de los dos aviones impactando contra el World Trade Center neoyorquino. Y fueron muy pocos los que en la gran industria del entretenimiento dieron su apoyo al discurso de Michael Moore en la ceremonia de los Oscar de 2004. Moore, en su documental
Fahrenheit 9/11 trataba los vínculos económicos mantenidos durante décadas entre la familia del presidente Bush, la familia real saudí y la de Bin Laden, destapando una serie de hipotéticas motivaciones financieras ocultas que directamente también ponían en entredicho la credulidad y ausencia de sentido crítico de los ciudadanos estadounidenses y de los medios de comunicación.Después del 11-S, Hollywood había sido puesto bajo vigilancia (como la mayoría de los medios informativos norteamericanos) a través del Patriot Act; ley ratificada por el congreso aún vigente que obliga a toda persona o institución a denunciar ante las autoridades cualquier alusión o conocimiento de actividades terroristas. Resucitando el espíritu de la célebre Comisión de Actividades Anti-norteamericanas de la época de McCarthy, la prensa y Hollywood (que forman la segunda gran industria americana tras la de aviación) firmaron y acataron el acta por el que se prohíbe toda actividad subversiva y se comprometen a vigilar las imágenes de violencia sobre los acontecimientos bélicos. Y más aún, incluso a apoyar explícitamente a la administración en su guerra contra el terrorismo. El Patriot Act llegó incluso hasta las puertas de las bibliotecas, donde los mensajes de ciertos libros han pasado a ser sospechosos.
Desde el pasado verano y ahora en Europa, el cine americano se ha quitado la mordaza de la boca y se dispone a contraatacar con una incursión de películas muy diferentes entre sí pero que tienen en común la oposición frontal a la política exterior usamericana. Una contestación sin precedentes que ni siquiera Vietnam o la Guerra del Golfo tuvieron en su momento.

En el valle de Elah, de Paul Haggis
Inspirado por una historia también real, la del soldado Richard Davies publicada en 2004 en el reportaje de Playboy: Muerte y deshonor, el filme En el Valle de Elah, de Paul Haggis (Crash) se adentra en los territorios cinematográficos del thriller para desarrollar una trama detectivesca en torno a la desaparición de un joven soldado. Tommy Lee Jones, Charlize Theron y Susan Sarandon, llevan el peso dramático de la acción desarrollada principalmente en los Estados Unidos con excepción de algunas imágenes obtenidas desde un teléfono móvil que evocan la dureza de la guerra en Irak. La búsqueda de una verdad escondida a partir de un vídeo fragmentado (restituido con cuenta gotas por un pirata informático como gran elemento de tensión de la película) supone todo un estimulo moral para un pueblo que sufre de ceguera cuando no de amnesia.
19 de noviembre de 2005, Hadiza, Iraq. Unos insurgentes iraquíes bombardean un convoy de marines estadounidenses, ocasionando la muerte de su oficial más querido Enfurecidos por su pérdida, sus jóvenes compañeros marines emprenden unas brutales represalias. Su violenta búsqueda casa por casa origina la matanza de 24 personas, muchas de ellas mujeres y niños. Dirigida por Nick Broomfield y nuevamente basada en hechos reales, La batalla de Hadiza destaca por su hiperrealidad (actúan en la película marines reales y su rodaje tuvo lugar en Jerash, Jordania) y por un mensaje crítico en lo político y condescendiente con la soldadesca implicada quienes están ahora siendo sometidos a consejo de guerra. Cuatro de los militares implicados han sido acusados de asesinato, mientras que a otros cuatro se les imputa cargos por no informar de los hechos, no investigarlos, hacer declaraciones falsas y obstrucción a la justicia.
“A pesar de la inmensa cobertura de medios de comunicación de la guerra en Irak –comenta Broomfield a propósito de su película- me he dado cuenta de que la mayoría de la gente sabe muy poco de lo que realmente está pasando allí. Lo que parece haberse perdido en la cobertura de las noticias es la verdadera humanidad de la situación global… o la ausencia de la misma. La visión de las bombas y el fuego y la constante sobrecarga de información ahora desensibilizan a un mundo cada vez más abrumado…” Queda claro por lo tanto a través de La Batalla de Hadiza, en contraposición al filme de De Palma, que los miembros de los ejércitos ocupantes americano e inglés son también víctimas. Jóvenes que se ven atacados, heridas y obligados a responder con ira y fuego en la forma en que han sido entrenadas. Pero cuando los acontecimientos se suceden a gran velocidad y en condiciones de máximo estrés, ¿se puede acusar de asesinato a unos marines en la línea de fuego?
Otra de las películas más controvertidas de este alzamiento cinematográfico contra la actual política belicista americana es Stop-Loss. Esta denunciada practica (parar las pérdidas) consistente en obligar a la soldadesca a permanecer en el frente de combate, ha venido siendo usada por el ejército desplegado en Irak durante los últimos años. Ryan Phillippe (Banderas de nuestros padres) es el condecorado sargento Brandon King, el protagonista de una dura trama que pone al descubierto la desesperanza de los jóvenes americanos utilizados sin remordimiento en la cruel y perpetuamente inacabada Guerra de Irak. También Regreso al Infierno (penoso y recurrente título en español de Home of the Brave) incide directamente en el uso del Stop Loss, mostrando los estragos no sólo físicos sino también las patologías mentales que la Guerra de Irak está causando en los jóvenes americanos. Protagonizada por Samuel L. Jackson, Jessica Biel Y Cristina Ricci, ofrece la historia de cuatro soldados que estando a punto de terminar su misión en Irak son enviados a una última misión humanitaria de transporte de provisiones médicas a un pueblo iraquí. La unidad es víctima de una emboscada y sufre graves pérdidas. Ya de regreso a Estados Unidos, los supervivientes deben enfrentarse a los recuerdos del pasado, mientras intentan con grandes dificultades volver a la vida civil y pensar en el mañana. Un futuro que en lo cinematográfico aguarda en 2009 el estreno de la que, dicen, será la película definitiva sobre la Guerra de Irak: No True Glory: Battle for Fallujah. Harrison Ford, al que antes veremos vestido de aventurero son sombrero y látigo característicos en Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal a las órdenes nuevamente de Spielberg, se pone el traje de campaña para revivir en la gran pantalla uno de los episodios más ignominiosos de cuantos se recuerdan de esta y otras contiendas pasadas. Porque en la pequeña localidad iraquí de Fallujah se asistió en Abril de 2004 a todo un espectáculo del horror y la sinrazón. Las tropas americanas, enfurecidas por el espectáculo de varios compañeros colgados por iraquíes, arrasaron con proyectiles de fósforo blanco (prohibidos por las convenciones internacionales) achicharrando a más de 1500 víctimas civiles después del asesinato de algunos soldados iraquíes heridos, quienes sin armas y postrados en el suelo, (como se pudo ver en las imágenes televisivas que dieron entonces la vuelta al mundo) eran disparados sin conmiseración por parte de las tropas americanas. Ante la evidencia periodística de los hechos acontecidos en Fallujah, autentico bastión de la resistencia para los iraquíes, queda ahora por conocer el grado de veracidad que tendrá el filme en el que Harrison Ford dará vida al general Jim Mattis, máximo responsable del asalto a la malograda ciudad El porvenir, entretanto, sigue siendo incierto. Más bien poco alentador a tenor de las informaciones de atentados y ataques a civiles y a las tropas desplegadas en Irak que un día sí y otro también asaltan las televisiones y periódicos en todo el mundo. La ocupación en Irak cumple cuatro años con 600.000 iraquíes muertos y más de 1.6 millones de desahuciados o /y desplazados; y el final de este orquestado caos parece no llegar nunca. Niñas y niños pueden ver diariamente en su camino a la escuela todo un repertorio de miembros y cuerpos humanos despedazados por las bombas. No hay sanidad y los hospitales y otros servicios públicos se están privatizando mientras se asiste a una preocupante escasez de personal médico con más de la mitad de los doctores fuera del país. Irak se ha convertido en una región experimental. Al estilo que lo fue Vietnam y Camboya para los intereses franceses, norteamericanos y soviéticos durante la segunda mitad del siglo XX. Un juego, el de ahora, donde se entrecruzan de una parte el imperialismo islámico y de otra el estadounidense. Y en el que seguimos sin conocer el paradero de aquellas Armas de Destrucción Masiva. Tal vez, algún día el cine como elemento muchas veces trasgresor de la realidad nos las muestre. Relucientes y dispuestas a ser usadas.








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